Pesca, moneda, seguridad… En Islandia, la población está dividida sobre la adhesión a la Unión Europea


¿Empujará Donald Trump a Islandia a los brazos de Bruselas? A solo 300 kilómetros de las costas de Groenlandia, la isla volcánica situada en la encrucijada estratégica del Ártico y el Atlántico Norte podría retomar el camino hacia la integración europea el sábado 29 de agosto, con la celebración de un referendo sobre la reanudación de las negociaciones con la UE, abandonadas en 2013.

La isla había presentado su candidatura ya en 2009, tras la crisis financiera que había devastado su economía. Las negociaciones, iniciadas al año siguiente, acabaron congelándose tres años más tarde con la llegada al poder de una coalición euroescéptica. En 2015, Islandia indicó que ya no debía considerarse candidata.

Agitación en Reikiavik

Pero el contexto mundial ha cambiado mucho desde entonces: la invasión rusa de Ucrania, la guerra en Oriente Medio y un presidente estadounidense cada vez más impredecible han cambiado las reglas del juego y han llevado a la coalición de centroizquierda proeuropea, en el poder desde diciembre de 2024, a acelerar el calendario para la celebración de esta consulta.

«Islandia es uno de los países fundadores de la OTAN, pero no cuenta con ejército propio y, por lo tanto, se encuentra totalmente bajo el paraguas estadounidense desde 1949. Dispone de guardacostas, pero no de fuerzas armadas para llevar a cabo la vigilancia aérea y, en particular, para proteger infraestructuras críticas como los cables submarinos. Ahora que la protección estadounidense parece cada vez menos garantizada, surge la pregunta de si a los islandeses les basta con formar parte de la OTAN o si es mejor adherirse a la Unión Europea«, plantea Sébastien Maillard, asesor especial del Instituto Jacques Delors.

Con sus incesantes amenazas contra Groenlandia, Donald Trump ha sembrado, de hecho, la inquietud hasta en Reikiavik.

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Estas preocupaciones se reavivaron el pasado mes de enero durante un discurso pronunciado en el Foro Económico de Davos. El multimillonario confundió entonces en varias ocasiones a Islandia con el territorio semiautónomo del Reino de Dinamarca.

Unos días antes, Billy Long, el nuevo embajador estadounidense en el país, había causado un escándalo al afirmar que Islandia podría convertirse en el «estado 52».

Según el bando proeuropeo, la adhesión plena y total permitiría también a Islandia protegerse de las sacudidas de una enésima batalla arancelaria iniciada por el inquilino de la Casa Blanca.

Rivalidades en el Ártico

Mientras el Ártico se perfila como un escenario de rivalidades entre las grandes potencias, Islandia ocupa una posición geoestratégica de primer orden: la isla forma parte del GIUK —una línea imaginaria que une Groenlandia con el Reino Unido—, una zona de tránsito para los submarinos rusos que desean llegar al Atlántico Norte.

Para vigilar este sector clave, aviones de la OTAN se turnan en la base aérea de Keflavik, situada en el suroeste de la isla.

«Lo que desencadenó todo el debate sobre la posible reanudación de las negociaciones por parte de Islandia fue la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022. Antes de eso, los debates sobre la apertura de negociaciones eran muy limitados y solo entre el 20% y el 30% de la población se mostraba a favor», señala Pawel Bartoszek, diputado islandés proeuropeo y presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores.

«Sin embargo, las cuestiones geopolíticas no se abordaron en profundidad durante esta campaña en torno a la reanudación de las negociaciones con la UE. Se habló sobre todo de economía, de la bajada de los tipos de interés para los hogares o incluso del precio de los alimentos», agregó.

Este es el otro argumento de peso de los partidarios del «sí»: cambiar la corona islandesa por la moneda única europea aumentará el poder adquisitivo de los consumidores, ya que la isla es uno de los países con el coste de vida más alto del mundo, junto con Suiza.

Los altos salarios ya no bastan para compensar esta situación y los islandeses deben lidiar con una moneda volátil, una elevada inflación y unos tipos de interés del 8%, es decir, cinco puntos por encima de la media del bloque de los 27.

«Es una de las paradojas de este país tan rico. El poder adquisitivo varía de un mes a otro debido a la volatilidad de la corona y al rápido aumento de los precios, vinculado a su fuerte dependencia de las importaciones. La adhesión a la UE podría permitir estabilizar la moneda, reducir la inflación y bajar los tipos de interés, sobre todo para los jóvenes que solicitan préstamos bancarios para comprar una vivienda», explica Sébastien Maillard.

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Imagen de portada: © France 24

«Islandia no forma parte de la unión aduanera europea. Existen normas que regulan, en particular, el volumen de las importaciones de carne cruda, por ejemplo, y de otros productos agrícolas. La adhesión a la UE tendrá un impacto positivo para los consumidores. Habrá más competencia y, por lo tanto, precios más bajos», defiende Pawel Bartoszek.

Intensas discusiones sobre la pesca

Sin embargo, las encuestas muestran que la población está dividida casi a partes iguales sobre la cuestión de la reanudación de las negociaciones con la UE. En el centro de las preocupaciones se encuentra el sector pesquero, parte integrante de la identidad nacional e industria crucial para la economía de la isla, donde los productos del mar representan el 40% de las exportaciones.

«Las aguas islandesas son muy ricas en peces y a los pescadores locales no les interesa en absoluto tener que compartir el pastel con la competencia. Por lo tanto, a los islandeses les podría costar aceptar integrarse por completo en la política pesquera común. Pero si se les conceden demasiadas excepciones, los demás países de la UE podrían considerarlo desleal con respecto a sus propios pescadores», analiza Sébastien Maillard.

En caso de que gane el «sí», se prevén debates reñidos sobre este tema, mientras que la coalición en el poder ya está planteando sus condiciones. 

«Consideramos que la distribución de las cuotas de pesca a escala nacional debería ser competencia del Gobierno islandés, tanto en lo que respecta al volumen total de las poblaciones que pueden pescarse como a la cuestión de quién debe pescarlas», argumenta Pawel Bartoszek. 

«También contamos con ciertas disposiciones y excepciones en materia de inversiones extranjeras en las empresas del sector. En nuestra opinión, estas deberían mantenerse», añade.

Para el diputado islandés, la Comisión Europea ya ha enviado «señales muy positivas» a Reikiavik sobre este delicado asunto. Por lo demás, las negociaciones deberían llevarse a cabo con rapidez.

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Si el bando proeuropeo se impone el 29 de agosto y las negociaciones entre Bruselas y Reikiavik llegan a buen puerto, se volverá a consultar a la población islandesa mediante referendo para ratificar la adhesión a la UE. Esta podría producirse ya en 2028.

«Esto aportaría un impulso positivo a la ampliación con respecto a otros países candidatos, en particular Montenegro, que es el que se encuentra más avanzado y donde la cuestión de la adhesión podría plantearse en 2028. Por lo tanto, la UE podría plantearse llevar a buen término estas dos candidaturas al mismo tiempo», opina Sébastien Maillard.

El experto también señala las consecuencias que tendría la adhesión de Islandia para Noruega. Sin Reikiavik, Oslo se convertiría en el único miembro del EEE junto con el modesto Liechtenstein. Esto reavivaría el debate europeo en este país nórdico, que ya ha rechazado en dos ocasiones su adhesión, en 1972 y en 1994. 

Adaptado de su versión original en francés

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